Corría el año 2009 y, conversando con un amigo montañista (Humberto "Nono" Vázquez) coincidimos en que el Bicentenario era una oportunidad única e irrepetible para homenajear a nuestro País (digo irrepetible, porque no creo poder vivir 100 años más).
Fue allí que nació un hermoso e interesante proyecto, cuyo objetivo fue que los niños y adolescentes de hoy pudieran dejar un legado a sus pares del Tricentenario.
Para ello convocamos a un importante número de deportistas y educadores, quienes se comprometieron y, de esa manera, logramos cristalizarlo.
Hoy los sueños de esos niños y adolescentes se encuentran dentro de Cápsulas de Tiempo que fueron plantadas en cada una de las 24 provincias, las Islas Malvinas, la Antártida y hasta el Monte Everest. Allí esperarán ser abiertas en el futuro.
Además de los Sueños, involucramos la participación de personas discapacitadas, y también el concepto de ayuda hacia Escuelas.
Como deportista, considero que se hace demasiado hincapié en los logros personales (en el caso de los montañistas, muchas veces el éxito o el fracaso pasa exclusivamente por haber llegado o no a una cumbre, exitismo extremo).
Personalmente me interesa más en como se transita el camino (que puede o no conducir hasta una cumbre), y a quienes puedo ayudar mientras recorro el mismo (disfrutándolo doblemente).
De allí surje este desafío que le da un vuelco a mi vida, y me enfoca en una temática que alimenta día a día mi espíritu y mi corazón: ayudar a ayudar.
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